Con el mandato evangélico de «Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto» (Mateo 5, 48), recordamos que todo bautizado está destinado para la eternidad: ver a Dios cara a cara. El 1 de noviembre es la fiesta de la alegría y la esperanza. Es el recordatorio de que la Iglesia fue fundada para poblar el Cielo y que la belleza, la virtud y la caridad practicadas en la Tierra son el único camino verdadero hacia la felicidad plena.
En esta fiesta de la Santidad los niños vinieron preparados para la ocasión acercándonos más al cielo. Junto a sus familias celebramos la Solemnidad en la Parroquia San Bruno, en Ñuñoa.
